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Home AL COSTADO DEL CAMINO BANDIDOS_BAIROLETO

BANDIDOS_BAIROLETO

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JUAN BAUTISTA VAIROLETO - (1894 - 1941)


gaucho BairolettoEl apellido también se escribe con be larga, pero documentos judiciales de época dan cuenta de la ve corta. Además, así es como él mismo firmaba.

 Juan Bautista Vairoleto forma parte de la historia y mitos polulares.

Nacido en Santa Fe, vivió en La Pampa. Se hizo matrero perseguido por la policía. Se estableció en Alvear, Mendoza. Casado con Telma Cevallos tuvo dos hijas.

El 14 de Septiembre de 1941, rodeado por la policía, luego de nutrido tiroteo y antes de entregarse, se quita la vida para no caer preso.

..."Juan se suicidó. No lo mataron, el se suicidó. Yo me levanté de la cama tras de él, protegiendo a las chicas. Veo que se pega el tiro y empieza a caer para atrás, se apoya en la pared y cae al piso. Luego, entró la policía y le tiraron ya muerto en el piso..." (relato de Telma Ceballos).

Forma parte de la mitologia de los humildes, que lo consideran "protector".

"Bandidos rurales dificil de atraparles,
jinetes rebeldes por vientos salvajes...
igual que alambrar estrellas en tierra de nadie"
(León Gieco)

Biografía breve

Hijo de una pareja de inmigrantes italianos, Juan Bautista Vairoleto fue el segundo de seis hijos. Nació en Santa Fe el 11 de noviembre de 1894. Su familia se radicó en la provincia de La Pampa, en una zona triguera que abarcaba Castex y Monte Nievas.

Cuando era chico, su familia se radicó en Colonia Castex, un pueblo de La Pampa.Parte de su juventud la pasó en los burdeles, donde conoció a los primeros anarquistas. Allí se enamoró de una mujer, que también era pretendida por un gendarme llamado Elías Farache.

Farache y Vairoletto tuvieron una pelea feroz: Farache terminó con un balazo en el cuello.

Fue acusado de homicidio y encarcelado hasta 1921. Se movía por ambientes peligrosos como casas de juego y prostíbulos. Fue asaltante de caminos, sosteniendo tiroteos con la policía de Castex y otras localidades de La Pampa y provincias vecinas. Era considerado el vengador de los sufrimientos de sus amigos y su figura de justiciero fuera de la ley hace que se vuelva popular, convirtiéndose en un mito.

La gente lo ayudaba a huir, y cuando se refugiaba en un lugar le hacían llegar mensajes para prevenirlo, le proporcionaban alimentos, abrigo y cuidados. Como corresponde a la leyenda robaba a los ricos y ayudaba a los pobres, repartiendo lo obtenido entre sus amigos, protectores y gente necesitada.

En la década de 1930, se lo hacía responsable de cualquier asalto o muerte ocurrida, pero parecía un fantasma que la policía perseguía sin resultados. A principios de los años cuarenta se organiza una persecución dispuesta a terminar con él. Lo sorprendieron y le dieron muerte en la madrugada del 14 de septiembre de 1941, en General Alvear, Mendoza.

Lo velaron en el Comité Demócrata de dicha localidad. A su funeral asistieron miles de personas llegadas desde La Pampa. Sus restos descansan en el cementerio de la localidad dónde murió, en un pequeño mausoleo levantado con las contribuciones de sus fieles. Concurren hombres y mujeres que ofrendan flores, crucifijos, placas y objetos diversos para pedirle que proteja sus familias, trabajo, salud, amor, etc.

Algunos devotos recorren de rodillas la distancia entre la entrada del cementerio y su tumba. Aún hoy, algunos pampeanos se ufanan de que sus abuelos hubieran "protegido" a Vairoleto y recuerdan anécdotas vinculadas a este gaucho.

Vairoleto fue el último "gaucho alzado" que marca el fin de una época. Muere en los albores de una nueva Argentina con industrias, con sindicatos y vida predominantemente urbana en la que durante largo tiempo no volvió a repetirse el fenómeno.

Los relatos del "Viejo Acosta"
(Recopilados por HT)

“El viejo Acosta” fue un antiguo poblador del oeste pampeano, de “la zona de Acha”.

Paisano pícaro, allá por 1970 contaba cerca de ochenta años. Lo recuerdo como una especie de reencarnación del “Viejo Vizcacha”:

Viejo lleno de camándulas
con un empaque a lo toro,
andaba siempre en moro
metido no sé en que enredos,
con las patas como loro
de estribar entre los dedos.

Por las noches, en el campo, entre mate y mate brotaban de la boca de ese paisano, cuentos y anécdotas de su pasado en los montes, “por la zona de Acha”.

Decía haber sido “amigo” de Vairoleto, quien lo habría visitado en “las casas” en varias oportunidades, y a quien muchas veces habría protegido bajo su techo humilde.

En varias oportunidades, me hizo referencia a varios episodios que forman parte de la historia o la leyenda de Vairoleto.

Según Don Acosta, en su vida de gaucho alzado, Vairoleto tenía varios compinches y contaba con varios caballos, entre ellos algunos de su preferencia, acostumbrados a correr boleados, a venir “al silbido” de Vairoleto, y en cuyo recado nunca faltaba un “Wincher”... “por lo que puta pudiera”.

Según me refirió Acosta, en una oportunidad Vairoleto dejó en casa de su madre uno de sus caballos preferidos. Un sargento de la “polecía” que lo perseguía, llegó hasta la casa de la madre de Juan Bautista, a quien quiso “sacarle” el paradero de Vairoleto. Ante la negativa, fue maltratada por el “polecía”, quien además en venganza por la “inquina” que le tenia al gaucho alzado, con un “fierro” caliente le quemó los ojos al pobre animal.

No faltó oportunidad para que Vairoleto se tomar la revancha, castigando el salvaje hecho.

Una noche estaba el “sargento de polecía” con varios “ganchos” en un boliche de las afueras de Acha, haciendo un alto en la persecución, tomando unas copas y tratando de conseguir información sobre el paradero de Vairoleto, cuando que en la puerta del boliche se presenta “bien montado, el mesmo Vairoleto”, que al ver la “polecía” se retira a “galope tendido”. El sargento manda “a la militada” en su persecución, quedándose el propio sargento en el boliche, festejando la inminente captura.

Pero Vairoleto no dispara; ata las riendas a las clinas del caballo, “se apea” en el monte, y manda a la partida tras un caballo sin jinete. Al rato nomás, ante la sorpresa del “polecía” que festejaba por anticipado, se le presenta Vairoleto en el boliche...para tomar su revancha.

Pasadas las seis comenzó a aclarar sobre el Atuel. La brisa agitaba a pocos metros
del patio las chuzas del cañaveral. Los policías ajustaron el círculo alrededor del rancho
y tomaron posiciones hollando la helada que blanqueaba la tierra.


Díeciséis hombres armados
aislaron la habitación...

Los peones dormían en las piezas contiguas a la principal. Se oyó el canto de unos teros lejanos y algún otro ruido que despertó a Marcos Vera.Advirtiendo un movimiento en la casa, las manos de los policías se crisparon sobre las armas. El peón se asomó, y el subcomisario Bustriazo alertó a los demás para evitar un error:
-¡Ése no es!
Lo dijo ensordeciendo la voz, pero Marcos escuchó algo.
¡- Viene gente! -alcanzó a exclamar, antes de que alguien lo derribara de un culatazo en la cabeza y lo arrastrara al interior del cuarto de la despensa.
Juan había saltado de su lecho esgrimiendo la pistola que guardaba bajo la almohada. Después de la primera sensación de irrealidad, se dio cuenta de la situación y actuó de manera resuelta, pensando en primer lugar en apartar a sus perseguidores del lugar donde estaban sus seres queridos. Ya se había despedido otras veces de Telma y le había dicho lo que tenía que decirle. Ella, desde la cama, lo vio dirigirse a la puerta, vistiendo sólo calzoncillos largos y camiseta de frisa, calzándose en la cintura su faja de guardas rojas, verdes y blancas.
Apenas traspuso la abertura sonaron varias descargas. Bustriazo y otros policías dispararon desde distintos ángulos. Eran dieciséis contra uno. El subcomisario Paeta, que se adelantaba en ese instante, fue rozado en el vientre por un tiro que le desgarró el chaleco, vio correr su propia sangre y perdió toda iniciativa.
Coscia, revólver en mano, se acercó a la cocina. De allí escapé corriendo otro morador, José, a quien le tiraron por la espalda. Una bala lo alcanzó superficialmente y un policía mendocino lo contuvo.
Juan se respaldó en la pared del rancho. Estaba en una posición indefendible. Todo perdido, menos su compañera y las niñas que eran la simiente de su vida. En ese brevísimo instante en que su mente funcionaba con extraordinaria lucidez y sus pensamientos eran más rápidos que el rayo, supo quizás por fin quién era, tuvo la certeza de que había una sola manera de que ellos no lo alcanzaran y decidió cruzar de una vez la última frontera. Se apoyó el caño en el pómulo, apretó el gatillo y todo se apagó para él.
Los policías se acercaron, agazapados, nerviosos, en guardia, hasta llegar ante el cuerpo yacente.
¡-No te hagás el muerto! -gritó alguien.
Dispararon sobre el caído, ensañándose con su carne inerte, en vano. Luego se miraron, con los rostros transpirados, y enfundaron las armas.
El chico Narváez, aturdido, sin entender nada, vio a su patrón inmóvil en el suelo, con la ropa interior blanca empapada de sangre. Telma tenía en sus manos el revólver que sacó de abajo del colchón para defenderse, pero cuando comprendió que aquello había terminado atiné a esconderlo entre unos trastos.
En el primer momento ella y Marcos se negaron a reconocer la verdadera identidad de Juan. Sin embargo, los policías lo identificaron por los tatuajes en el brazo: la figura de mujer, el número 13 y las iniciales.
-Mirá, tiene callos en las manos -dijo uno de los que lo examinaba.
Telma les pidió que taparan el cuerpo con una capa para que las niñas no lo vieran. Pensó que su alma estaba mucho más alto que allí. Contuvo las lágrimas y trató de mantener la serenidad para no perturbar a las criaturas...

Fuente: Hugo Chumbita "Ultima Frontera" - Vairoleto Vida y Leyenda de un bandolero-
Ed Planeta - Paq 372,373,374 - Mayo 1999

Juan Bautista Vairoleto
Historias, mitos y leyendas en tierras alvearenses

El 11 de noviembre (2003) se cumplen 109 años del nacimiento del célebre bandolero romántico, Juan Bautista Vairoleto.

La presencia de personajes legendarios, que al margen de la ley, tuvieron fuerte raigambre en el ámbito popular, han estado presentes en todos los pueblos del mundo desde épocas inmemoriales, siempre caracterizados por un fuerte rechazo desde los espacios del poder: reyes, gobernantes, militares, policías, clero, acaudalados, entre otros.

Vairoleto, integrado al sentir popular alvearense, es casi un mito, pese a que su accionar ocurrió en épocas relativamente cercanas, ya que todavía hoy, se encuentran personas que pueden atestiguar sobre las andanzas o acciones realizadas en el sur de Mendoza.

Se puede compartir ampliamente, en parte o disentir totalmente con la forma de vida de estos "bandidos rurales", denominación que ha inmortalizado Giecco. Lo que se debe aceptar es que han existido, que han dejado profundas huellas en el sentir popular y que son una parte importante de nuestra historia regional.

Juan, nació en Santa Fe en 1894. Sus padres inmigrantes italianos, se trasladaron más tarde a Italó, en el sur de Córdoba, donde falleció la madre. Años después la familia se radicó definitivamente en Eduardo Castex, en la entonces Gobernación de La Pampa.

En aquel lugar, por "cuestiones de polleras", el 4 de noviembre de 1919, Juan tendría un fatal encuentro, en el que le dio muerte a un policía. El reloj, colgado en una de las paredes del boliche, quedó "clavado" de un balazo, a la una y media de la tarde. Allí comenzaría una vida de persecuciones, en la que tendría ocupadas a las fuerzas policiales de numerosas provincias y territorios nacionales.

En su andar por las extensas planicies, saqueaba a los pudientes y buena parte de lo logrado lo repartía entre los pobres puesteros que vivían en esas soledades. Este accionar se difundió rápidamente entre la paisanada, lo que se tradujo en un apoyo popular incondicional. Donde él llegaba, siempre había un plato de comida; yerba, tabaco y buenos caballos.

Juan, hijo adoptivo de General Alvear Las planicies alvearenses lo vieron pasar en todas direcciones, por las distintas etapas de su vida: como asaltante, perseguido por la policía, agricultor, padre de familia y finalmente recibieron su cuerpo, el 14 de setiembre de 1941.
De las numerosas acciones, anécdotas y mitos extendidos en el sur mendocino, han sido rescatados sólo un puñado de ellos, el resto, está registrado en los recuerdos de aquellos que lo vieron, o en los que recibieron de sus mayores el legado de transmitir el mensaje.

¡¡¡Esto mantiene viva la tradición!!!
La primera incursión en tierras alvearenses, que se tienen noticias, data del 1927. Algunos contactos con dirigentes lencinistas y otros bandoleros, todos en un mismo ámbito.
También en aquella época, el 17 de julio, se produjo un asalto en un establecimiento de campo, donde se alzaron con más de siete mil pesos en efectivo y otros elementos. La policía dijo que fue Vairoleto!!!

Luego, se mantuvo alejado de estos pagos por un tiempo. En 1930, luego de una fugaz relación con el anarquismo, en la zona pampeana, retornó por General Alvear. En setiembre, Irigoyen había sido derrocado por Uriburu, Agustín P. Justo era el Jefe del Ejército, poco después sería presidente de la Argentina.

El General Justo recibió una denuncia anónima sobre "cosas" que pasaban en Alvear, una de ellas era que Vairoleto iba a asaltar el Banco de la Nación, en realidad se llevó sólo 5 gallinas y tres jamones, pero la policía y el ejército anduvo 70 leguas detrás de él, y fue a la cárcel una persona que lo había denunciado.

En 1931, lo perseguía la policía de La Pampa, caracterizados de gauchos, una mala palabra en aquellas épocas. Casi en el límite con Mendoza, el 30 de julio se separaron en dos grupos, para sorprender a los vándalos. La sorpresa fue para los policías. ¡Se "agarraron a tiros" entre ellos!!! ¡Un policía muerto por balas policiales!!!

Durante dos meses las fuerzas de La Pampa, San Luis y Mendoza, anduvieron tras los hombres de Vairoleto. Con un despliegue de tropas nunca visto en la región, hasta un avión fue solicitado por un comisario para perseguir a los fugitivos.

Hubo algunos tiroteos entre los bandidos y las autoridades. En uno de ellos, a menos de treinta metros de los policías. Los hombres de Vairoleto le cortaron las riendas a uno, le voltearon el caballo a otro y a un comisario lo taparon en tierra a balazos. Cuando lograron sacudirse la tierra, los bandidos no estaban allí.

Vairoleto, montado en su bayo, saltaba las alambradas de 7 hilos, la policía debía cortarlas para poder continuar sus rastros.

En el puesto El Martillo, cerca del Paso de los Gauchos, Juan estaba mateando con los hijos del puestero, cuando llegó la policía pampeana. Preguntaron por él, cómo la respuesta fue negativa continuaron la marcha, más tarde al darse cuenta del engaño, retornaron al puesto y lo apalearon tanto al dueño, que murió poco después.

Finalmente, a mediados de setiembre, luego de recorrer el departamento de sur a norte y de norte a sur, a lo largo y ancho, la policía abandonó la búsqueda.

A finales de agosto, se creó en Mendoza un cuerpo especial "La Policía Volante" con secciones en San Rafael y General Alvear, destinada a cuidar las fronteras interprovinciales. También a nivel nacional se ponía en práctica una iniciativa similar.

A finales de 1932 la Policía Volante de General Alvear detuvo a algunos integrantes de la banda de Vairoleto. Fueron condecorados por este hecho, en enero de 1933.

Hasta el año 1937 se sucedieron algún tiroteo con la policía y varios asaltos a algunos "Turcos", a una francesa y otros más.

Luego de una breve incursión por el norte del país, donde en sociedad con Mate Cocido, otro bandido rural que actuaba en los quebrachales chaqueños, relizaron algunas fechorías, retornó a General Alvear.

Aquí había conocido a una muchacha que llenaba su corazón. Decidido a cambiar de vida, la fue a buscar. Nuevamente sus amigos lo ayudaron, le consiguieron un techo, protegieron su "prenda", alguien le ofreció un pedazo de tierra en la Colonia San Pedro del Atuel y se "metió" a chacarero.

En ese entonces, su nombre era Francisco Bravo, muy cerca del Atuel la tierra le daba sus productos y al hogar llegaron dos hijas.

Hasta que un día, se apareció un traidor, un ex compañero de andanzas, que cambió su libertad por encontrar a Vairoleto. Le avisó a la policía de La Pampa y el 14 de setiembre de 1941, rodeada la casa por sus perseguidores, él mismo decidió el final con un disparo en la cabeza.

FUENTE: http://www.intertournet.com.ar